Haciendo camino al andar


La primera función coreográfica del ciclo Tangos del Bicentenario no defraudó. Dentro de una línea experimental de fusión y humor, las obras Dos extraños son, ¿Quién les quita lo bailado? y Amador fueron ayer muy dignas propuestas para la sección “Nuevo Baile Escénico”, programada por el Festival de tango-danza-teatro Cambalache en el Complejo Cultural 25 de Mayo.

      Con buen tino, los programadores eligieron ir de menor a mayor en cuanto a cantidad de artistas en escena y de disciplinas artísticas. La función de anoche en el Complejo Cultural 25 de Mayo de Villa Urquiza arrancó con Dos extraños son, una obra con apenas dos intérpretes (Maximiliano Ávila y Adriana Pérez) de notables actuaciones. A través de ingeniosos recursos, se rieron con ternura de los estereotipos desde los cuales se suelen relacionar hombres y mujeres. Las acciones llevaron a los protagonistas de la circunspección del tango a la desinhibición de la cumbia villera, pasando por la celebración de la música disco y el romanticismo del bolero. Como en la edición 2008 del Festival Cambalache, sorprendieron especialmente con un ingenioso juego de piernas mientras permanecen sentados sobre una misma silla. Ávila, a su vez coreógrafo y director de la obra, se luce moviéndose grácil sobre tacos altos como si fuese una mujer.
      En segundo turno, el público pudo disfrutar del contrapunto entre el tango y la danza clásica que propone Carina Pazzaglini en ¿Quién les quita lo bailado?, otra obra estrenada en el Cambalache ’08. Focalizada en las dificultades que experimentan los bailarines clásicos que quieren incursionar en el tango, la puesta terminó siendo la más rica en cuanto a fusión de lenguajes. César Rojas, Hernán Ojeda, Pablo Ruiz, Igor Gopkalo, Martha Desperes, Graciela Bertotti y Paula Budnik personifican con solvencia las tribulaciones de quienes oscilan entre las zapatillas de punta y los tacos altos. Es más: varias bailarinas se mueven durante la mayor parte de la media hora que dura el espectáculo con un calzado de danza clásica en un pie y uno de tango en el otro. Oportuna, la música de Ástor Piazzolla, Sebastián Piana, Lisandro Adróver e Ilich Chaikovsky, suma encanto a las imágenes.
      Coronó una noche de audaces puestas la varieté entre circense, tanguera y folclórica que sus directores, Cynthia Fattori y Ernesto Terri, bautizaron Amador, en honor a la pasión con que los miembros de la compañía encaran el trabajo artístico. Se trata de una colección de cuadros, todos muy atractivos por la energía y la técnica con que están armados, pero muy diversos entre sí. Si bien no hay un concepto que los aglutine, las graciosas intervenciones del clown Mariano Carneiro funcionan como nexo entre un número y otro. En cuanto a despliegue técnico, resultan impactantes las acrobacias de Yamil Falbella, Eloy Vicario, Marco Ingalamo y Daniel Ortiz. Por lo demás, deslumbra la plasticidad de Evelyn en un solo memorable, así como la destreza del folclorista Omar Silva en varios pasajes y la elegancia de los bailarines de tango Paula Rubín y Flavio Catuara, en otros (son en total 14 artistas en escena). Pero son los directores quienes protagonizan el cuadro acaso más logrado, en el que interactúan solos con una mesa y dos sillas mechando movimientos cuasi tangueros con otros de la danza contemporánea.


Virtudes y problemas en común

      Como denominadores comunes, se recortaron claramente el espíritu de experimentación típico del Festival Cambalache, cierta inclinación a la fusión y varias muestras de buen humor. Esta vez, la respuesta del público fue favorable, pero tibia, tal vez porque la mayoría de las butacas no estaban ocupadas por esos espectadores efervescentes (muchos de ellos bailarines profesionales o milongueros) tan típicos del Cambalache, sino por gente mayor menos acostumbrada a los desplantes estéticos.
      Para los hacedores de las tres obras fue una jornada difícil. Citados a las 12 del mediodía para ensayar por primera vez con luces y sonido en el 25 de Mayo, recién a las 18 pudieron probar algunas coreografías, como consecuencia de la falta de personal suficiente para montar las luces. El tiempo que quedó antes de la función (programada para las 20:30) no alcanzó ni para completar los ensayos ni para ubicar y programar las luces necesarias, una falencia que se notó en algunos pasajes con acciones mal iluminadas.

Carlos Bevilacqua

En las fotos: Ernesto Terri y Cynthia Fattori, durante uno de los cuadros más logrados de Amador.

Publicado el 13-5-2010.